'El fútbol es la cosa más importante de las cosas menos importantes'


miércoles, 25 de abril de 2012

Equivocarse...y caer.


‘Matémosle’ sin darle antes opción a poder levantar la cabeza tras un fracaso. Culpémosle de las derrotas. Dejémosle sin nuestro perdón cuando falle un penalty o cuando sus pies manden el balón al palo. Riámonos de sus lágrimas tras una mala noche o después de que el rival le deje a las puertas de un sueño. 
Hagamos que sus 243 goles vistiendo la camiseta con la que ha crecido se queden en nada. Abandonemos sus tres Balones de Oro consecutivos en el rincón más escondido de nuestra frágil memoria. 
Silenciemos las voces que se rindan ante él. Borremos de nuestras retinas las obras de arte más bellas jamás vistas sobre el césped que llevan su firma. Neguemos que todos, en algún momento u otro, nos enamoramos de él y de su fútbol. 
Quitémosle mérito a su lucha, tanto la que mantiene contra sus enemigos como la que le enfrenta a sí mismo. Pongámosle techo e impidamos que siga siendo capaz de agotar las palabras que hablen de él. Hagamos de su nombre –y del número 10- un tabú. Prohibamos que los niños quieran ser como él. 


Insistamos, incansables, en decir que ese pequeño que un día nos dijo que no olvidáramos su nombre no existió, y que sólo fue quien fue en la cabeza de quienes alguna vez soñaron con que había un mundo, el del fútbol, en el que la magia podía dejar de ser una utopía inalcanzable. 

Mantengámonos impasibles ante la realidad de que el fútbol es un reflejo más de la vida, en la que a veces se gana…pero también se pierde. Y que incluso los más grandes, pueden equivocarse alguna vez.

* * *

Leo, gracias por equivocarte y por enseñarnos que los errores, al fin y al cabo, siempre acaban haciéndonos un poco más fuertes. Y es que a veces, para ser el mejor -y Messi lo es y lo será a pesar de todo-, uno tiene que haber aprendido antes a caer.











domingo, 15 de abril de 2012

A veces un minuto destruye otros 92.

'A veces un minuto destruye 23 horas y 59 minutos'. Esto es lo que leí hace unos días, y hoy no he podido evitar acordarme de estas palabras cuando en el último suspiro, el Deportivo silenciaba Balaídos después de que uno de los hombres de José Luis Oltra pusiera el 2-3 final en el marcador de un gran derbi que ya arrastraba la etiqueta de 'Galicia calidade' y que no defraudó en absoluto.

En este caso, un minuto no destruyó 23 horas y 59 minutos, pero sí los 92 que duró la gran fiesta del fútbol gallego. A 1000 kilómetros, yo también he vivido el Celta - Depor, como si la distancia no fuera obstáculo alguno para sufrir con el gran partido que se han marcado unos y otros. Y es que el hecho de que los dos equipos gallegos manden al frente de la clasificación de la categoría de plata no es casualidad, y sobre el césped del templo vigués quisieron volver a demostrar que el año que viene quieren estar entre los mejores. En Primera. Sí. Ambos lo merecen. Y sería muy injusto que alguno de los dos se quedara a las puertas de ese cielo por el que llevan luchando a lo largo de todo este año. El Celta ya sabe lo que es quedarse con la miel en los labios -la temporada pasada cayó en los play-off de ascenso- y no quiere que se repita la misma historia de antaño, mientras que el Depor quiere cumplir con la promesa de volver cuanto antes que hizo instantes después de haber llorado por un descenso que dolió, y mucho, en Riazor, pero que también ha servido para curar viejas heridas y provocar que la afición blanquiazul y su equipo se vuelvan a abrazar como años atrás, a sabiendas que juntos son más fuertes.

Balaídos quería vestirse de gala para recibir al eterno rival, y lo consiguió. Inmejorable el aspecto que presentaban las gradas del estadio, ocupadas por aficionados de uno y otro equipo que no cesaron en su empeño por apoyar de forma incansable a Celta y Depor. Mentiría si dijera que no me hubiera gustado estar ahí, sobre todo en esos momentos previos al pitido inicial en que parece pararse el mundo y en los que los nervios y la ilusión se mezclan y se apoderan de ti.

Reconozco que no tenía muy claro qué iba a pasar en los minutos que estaban por venir. No sabía si los tres puntos se iban a quedar en casa, si iban a volar hasta Riazor o si los dos mejores equipos de Galicia iban a ser más amigos que nunca y repartírselos. Siempre hay un favorito, alguien que parte con ventaja, pero no. Esta vez, el futuro más inmediato estaba más que borroso. Aunque sí tenía una corazonada... la de que el partido que acababa de empezar nos iba a regalar grandes momentos. Y no fallé.

Empezó el Celta queriendo hacer lo de siempre, ser dueño y señor del balón, pero cuando apenas se habían consumido los dos primeros minutos de partido, Riki adelantó al Depor, dando el primer golpe sobre la mesa y reflejando que las intenciones de los coruñeses no se limitaban a un paseo por Vigo y sí a conseguir una victoria que les acercaría todavía más al ascenso directo soñado. Sin embargo, los hombres de Paco Herrera no bajaron los brazos y se hicieron con el control del encuentro. Parecía bailar el equipo celeste, que encerró al Deportivo en su propio campo y que insistió una y otra vez llevando mucho peligro a la portería custodiada por Aranzubía. Así fue el guión de una primera parte muy intensa, que sólo se vio empañada por la polémica generada entorno a la lesión del futbolista que había abierto el marcador, que acabó con el árbitro Miranda Torres negándose a parar el partido por estar Riki en el suelo y sin que Oltra le cambiara, y con una amarilla para el jugador deportivista.

La segunda mitad se inició siguiendo los parámetros de la segunda, aunque el Depor se mostró más fuerte en ataque. Prueba de ello fue el gol de Lassad en el 62, que ponía en ventaja a los herculinos y que pareció dejar sentenciado ya entonces el partido. ¿Quién iba a imaginar que los de Herrera se levantaría? Pero sí, lo hicieron, y devolvieron la esperanza a su afición, que a pesar de ir perdiendo, no calló y siguió animando a los suyos con el objetivo de que se mantuvieran vivos en la lucha que se estaba produciendo sobre el campo. Tras la salida de Valerón, el Deportivo vio cómo el Celta se lanzaba a por la remontada y cómo De Lucas acortaba diferencias a los cinco minutos del segundo tanto de los visitantes. Y cuando faltaban ocho minutos para el final, otra vez los de casa tiraban de épica y empataban gracias a Catalá un partido que el Depor había tenido en sus manos durante gran parte del mismo.

Y cuando todo parecía resuelto, cuando unos y otros ya se daban por contentos con el empate, apareció de la nada una falta que tras ser lanzada y posteriormente rechazada por Yoel, acabó en Borja, que remató con la cabeza y dejó el balón en el fondo de la red, poneindo el 2-3 definitivo en el marcador.

Y Balaídos calló. Y el Deportivo enloqueció. Habían ganado ese partido y estuvieron a punto de perderlo en los 90 minutos que duró para después volver a hacerse con él en el tiempo añadido, cuando las agujas del reloj a punto estaban de marcar ya el desenlace del derbi que durante tanto tiempo el fútbol había esperado.

Sí, esta vez, el Depor fue quién saboreó la victoria ante un gran rival que no mereció perder pero que lo hizo con la cabeza bien alta y luchando hasta el final.

Las luces se apagaron, y la fiesta del fútbol gallego se acabó.

Y en ese momento, sólo pude pensar en que quería que ese fuera el último Celta - Depor que tuviera que ver en Segunda.

sábado, 14 de abril de 2012

Balaídos nos invita a la gran fiesta del fútbol gallego

Galicia significa una pequeña gran parte de mí. Es mi cuna, y también ese trozo de cielo que todos nos empeñamos en buscar a lo largo de nuestra vida. Quizás por ello espero durante casi los 365 días del año que lleguen días como el de mañana.

Todo está preparado para la 'otra' gran fiesta del fútbol gallego. Y digo la otra porque Riazor y Balaídos se reparten el honor de acoger el partido que enfrenta a los dos mejores equipos de la tierra de las meigas.

Depor y Celta. Celta y Depor.

Quién ha tenido la oportunidad de vivirlo de cerca, sabe que no hay un derby como éste, donde nada está escrito, donde todo puede pasar. Y donde nunca falla la magia. Una lucha a muerte. Al todo o nada. Cuyo final se cierra en una sonrisa o en una lágrima. De esas historias de las que esperas demasiado y pocas veces defraudan, por no decir ninguna.

Mañana le toca el turno a Balaídos. Se llenará por primera vez en mucho tiempo. ¿Cuando fue la última vez que sucedió algo así? Casi nadie se acuerda en Vigo. Ni tan siquiera cuando el Celta se enfundó el traje de la Champions, todos los asientos del estadio tenían dueño. Y esto sólo es una muestra más de que el día de mañana no es un día cualquiera, sino especial. Y puede que un paso más en el camino que tanto Celta como Deportivo han construido esta temporada. Su destino final, Primera.

Su trayectoria hasta ahora, la de ambos, es irreprochable. Uno, al mando de José Luis Oltra, encabeza la carrera con un colchón suficiente que le hace soñar, todavía más, con su regreso a la categoría de oro del fútbol español un año después de haberle dicho adiós y cuando apenas faltan unas cuantas semanas para el final; el otro, con Paco Herrera al mando del timón, sigue el rastro de su eterno rival, mirando de reojo, eso sí, a un Valladolid que le pisa los talones.

Más no se puede pedir. Ambos equipos llegan en el mejor momento posible, habiendo demostrado a lo largo de todo este tiempo que la Liga de plata se les queda pequeña y que merecen algo más. Su fútbol refleja que este no es su lugar, y que el suyo, está entre los mejores.

Nadie sabe qué pasará mañana en Balaídos. Yo tampoco. Pero ojalá este sea el último derby gallego de Segunda.

martes, 10 de abril de 2012

La marioneta de Mourinho.

El show de Mourinho continúa. Ni se acaba, ni da tregua alguna. Cada día es un acto más de su gran obra de teatro, en la que no falta ningún detalle. Ni tan siquiera un títere o una marioneta a la que manejar.

Que Xosé Mourinho es uno de los mejores entrenadores que actualmente conviven en el mundo del fútbol es indiscutible. Sus números y su trayectoria, así como su palmarés, lo demuestran. No, no hay duda alguna. Pero de la misma manera que quien le discuta como técnico es un loco, tampoco hay que olvidar que ha creado alrededor de él un personaje al margen del Mourinho persona y del Mourinho entrenador que no gusta a todos y que, a veces, pone en peligro la estabilidad de su propio entorno y de quienes le rodean. Sus pasos y sus palabras levantan huracanes allí donde dejan huella y donde resuenan, y la polémica se ha convertido en su más fiel amiga.

Quizás es su escudo, su arma de protección, pero su faceta de showman ha empezado a sobrepasar unos límites que hacen tambalear los cimientos de su propio equipo. Sí, todos conocemos a 'Mou'. Ya sabíamos cómo era antes y lo comprobamos cuando aterrizó en el fútbol español, pero bien es cierto que el convertirse en el capitán de un barco tan colosal como el Real Madrid -no hay que olvidar que estamos hablando del mejor equipo del siglo XX- ha hecho que su otro 'yo' se haya magnificado tanto que incluso los que en un principio cerraron filas entorno a él se han dado cuenta de que eso no es bueno y rehúyen ahora del luso, que ha decidido que el silencio es la manera perfecta para mostrar su posición de 'yo contra el mundo'.

Antes hablaba. Mucho, demasiado y mal, en ocasiones llegando a menospreciar a colegas de su propio gremio, a rivales y los periodistas que tienen que llevar el pan cada día a su casa y que hacen su trabajo, de la misma manera que el deber de Mourinho recae en la función de dirigir a un grande como el Madrid y con el objetivo de llenar aún más las ya repletas vitrinas del Santiago Bernabéu.

Sin embargo, ahora Mourinho ha cambiado de estrategia. Ya no quiere estar en primera línea, ni ser el protagonista principal, aunque, es obvio, indirectamente sigue siéndolo. No, ahora calla. Dicen que para rebajar la tensión. Pero...¿qué tensión? ¿La que él mismo ha sembrado en su propio vestuario? Porque quien diga que no existen dos bandos claramente diferenciados en el Madrid a día de hoy -el clan de los portugueses + Di María + Khedira por un lado, y el de todos los demás, en los que los españoles forman el gran grueso, por otro- miente. De nada sirve mantener las formas y las apariencias, hay cosas que se ven incluso desde lejos.

Pues bueno, Mourinho ya no habla para rebajar la tensión y para que su cruzada contra los árbitros -la que intenta disimular semana tras semana, pero que deja caer en cada oportunidad que tiene-, y por ello, planta a Aitor Karanka en las ruedas de prensa para que hable por él. 'Que ponga voz a mis mensajes', debe pensar 'Mou'. Y ya van 43.

Karanka no es sólo el segundo técnico del Real Madrid. También es la marioneta de Mourinho. El portugués se esconde, no da la cara (y eso que recuerdo que una vez dijo que cuando su equipo no ganaba, él siempre la daba), pero lo controla todo. Es omnipresente y omnipotente. Karanka es un muñeco de trapo movido por las manos de Mourinho, que no se deja ningún cabo suelto. Total...nadie le frena ni le para los pies. Y ya se sabe que cuando uno tiene poder...siempre quiere más.

Las ruedas de prensa del Real Madrid se han convertido en los últimos tiempos en escenas que rozan la vergüenza. Ni tres minutos atendiendo a los periodistas, mensajes preparados y estáticos -sea la pregunta que sea, qué más da, el discurso es el mismo-, palabras medidas y estudiadas al milímetros, respuestas que tan sólo echan balones fuera... y frases como ese 'si nos dejan...' que el otro día acuñó el eterno secundario de un club que está permitiendo que una persona diluya y evapore una imagen que se ha construido a lo largo de 110 años de historia.

Y es que entre sus obligaciones como entrenador está la de salir a dar la cara antes y después de un partido, siempre. Se gane, se empate o se pierda. Es su deber. Y esto de usar a Karanka como títere es un paripé que tarde o temprano, hará daño.

Yo no soy del Madrid, pero tampoco creo que se merezca que el showman 'Mou' haga saltar todo por los aires. Porque si no lo ha hecho todavía, lo hará. Y no muy tarde. Papá sí es del Madrid, y ya ha agotado su paciencia con Mourinho. Y como él, muchos que quieren ver al portugués lejos del Bernabéu.

Y sí, su 'adiós' quizás sea el mejor bálsamo para que el líder de esta Liga recupere todo el honor que parece haber ido perdiendo en los últimos dos años.

Quizás sea necesario ya, por fin, un final para esta obra de teatro que empieza a ser interminable e insoportable.





sábado, 7 de abril de 2012

En boca cerrada...

...no entran moscas, señor Clemente. Debería usted saberlo. Suficientes son los años que ha vivido para haber aprendido que a veces es mejor callarse, aunque el silencio no sea precisamente su mejor amigo.


El fútbol no necesita personajes como usted. El Sporting tampoco.


Echando la vista atrás, no es de extrañar que reciba las críticas que le regalamos muchos, porque no entendemos por qué esa necesidad de hacer daño, por qué esa obsesión por ser el centro del mundo a costa de lo que sea, llevándose por delante todo lo que se cruza en su camino. Sea quién sea.


Día a día, semana tras semana, no hace más que evidenciarse. Mostrar lo peor de sí. Quizás es que no hay más, que verdaderamente sus palabras -si es que a todo lo que sale por su boca merece ese nombre- son el espejo perfecto en donde se refleja su persona. ¿Por qué, señor Clemente? No pague su enfado con el mundo y con la vida con los demás. Ya bastante feo es y está todo como para que algunas personas se dediquen a podrirlo todo mucho más.


Siempre me ha parecido usted una persona necesitada de protagonismo. Egocéntrico y egoísta. Obsesionado por estar siempre en primera línea fuera de los campos de fútbol. Y debería saber que este deporte requiere que se hable sobre el césped, no fuera. Lo que le hace digno o no, lo que le hace ser un espectáculo -casi un modo de vida para muchos- o un 'drama', es lo que ocurre desde que un árbitro señala el inicio de un partido hasta que se consume el tiempo de éste. No lo que sucede fuera de ello.


Pero usted...usted centra todos los focos a ese margen externo al campo de fútbol. No hace más que escupir sobre cualquier cabeza toda su rabia y todo su mal carácter. Qué más da pisar todo lo que se encuentre en su camino. No importa, señor Clemente, ¿verdad?


No me cae bien, es obvio. Es un sinvergüenza, intolerable, bocazas y mala persona. Lo demuestran sus palabras y sus actos. Su manera de hacer. El otro día 'humilló' a un periodista y le 'amenazó' gratuitamente. Hoy, en lugar de cerrar filas entorno a su equipo, deja caer que los hombres que tiene bajo sus órdenes no son de Primera, y les deja a la altura del betún, a pesar de que la situación es ya bastante difícil y crítica. Pero a usted no le importa. En lugar de ser un empujón, en lugar de reconocer errores propios y buscar incansablemente la esperanza en un último tramo que se le hará muy costoso al Sporting, como si se le fuera la vida en ello, no, usted se dedica a despotricar y a afear a un equipo histórico y que siempre ha merecido el cariño de todos.


El Sporting no se merece tener a alguien como usted ocupando su banquillo en El Molinón. Si antes estaba condenado, ahora, desde su llegada, y gracias no sólo a una dirección del equipo pésima, sino también a las polémicas que protagoniza, se quema poco a poco. El Sporting se muere. Una muerte lenta y dura, de las que duelen. Preparando un adiós que no merece, y autoconvenciéndose -eso solemos hacerlos todos cuando tenemos miedo a algo- de que lo que parece ahora irremediable sucederá. Y quizás con la pena y la mala consciencia de haber confiado en usted para sobrevivir.
¿Las comparaciones son odiosas, eh, señor Clemente?


Y sí, puede ser, pero Manolo Preciado nunca debió haberse ido del Sporting. Al menos, además de ser un entrenador excelente, también sabía ser persona.

sábado, 31 de marzo de 2012

El día en que Europa se enamoró (otra vez) del Athletic.

'Yo no me muero sin pisar San Mamés'. Estas son ocho palabras que no me abandonan nunca desde hace ya algún tiempo. Y tengo que darme prisa si quiero poner los pies en el templo del fútbol. El traslado es casi inminente, y mi deseo vive en una constante contrarreloj que no tiene freno.

Y aunque mis colores son otros bien distintos, para qué negarlo... El Athletic es uno de esos equipos que me han robado el corazón. Y si fuera sólo a mí... Pero no. Muy pocos pueden negarse a rendirse alguna vez que otra al conjunto que hoy funciona (y sueña también) bajo las órdenes de Marcelo Bielsa, considerado por mucho el 'maestro de los maestros'.

Y ese 'amor' que algunos sentimos por el equipo de Bilbao, más apasionado que fiel, ya no sólo sobrevive entre las cuatro paredes de nuestro país. Ahora también ha traspasado fronteras, y va más allá. Mucho más allá. Y todo por culpa de la garra de unos chicos que no se esconden nunca. Y que no se rinden ni tiran la toalla. Que por muy mal que vayan las cosas siempre son capaces de salir a flote con más fuerza, si cabe, que antes, y dejando a propios y a extraños con la boca abierta. Marca de la casa, 'made in Lezama'.

Europa se ha enamorado del Athletic. Y se enamora no una, ni dos veces. Quizás tampoco sean sólo tres. Una y otra vez, semana tras semana, el sueño que mantiene vivos a los de Bielsa en la Europa League es el sueño de todos a los que reservan parte de su vida al fútbol. De forma activa o pasiva, qué más da. Soñamos con ellos y sonreímos con cada victoria. Aplaudimos cada gol y agotamos las palabras para hablar de un equipo que nos ha regalado noches -aún siendo muchas, parecen pocas- mágicas a lo largo de la historia. Los 'otros', los demás, esperamos con ansia, ilusión y expectación el día en que nos toca enfrentarnos al Athletic, porque sabemos que sobre el césped veremos fútbol puro y duro, sin nada que lo estropee ni lo contamine. Sólo fútbol, del mejor. De calidad. Del que hace vibrar y sufrir hasta el último instante.




El jueves, el Athletic volvió a enamorar a Europa. Sí. Otra vez. Porque los chicos de Bielsa no tuvieron bastante con hacer leyenda al borrar del mapa a un grande como el Manchester United. Enfundados en el traje de 'matagigantes', los héroes del conjunto vasco hicieron suyo el 'Teatro de los sueños', un Old Trafford que fue testigo de lo imposible, y de unos de los mejores partidos que he visto en los últimos tiempos. Y la vuelta en San Mamés, sólo fue un paso más, entre tantos pasos que han llevado al Athletic a estar donde está.

El escenario que silenció el pasado jueves, sin embargo, fue otro. El Veltins Arena. La casa del Schalke 04 de Raúl. No fue fácil. Las cosas empezaron mal. El partido era un ir y venir de unos y otros, un encuentro loco y apoteósico en el que todo puede pasar, y en el que si pestañeas, te lo pierdes. Y perdérselo hubiera sido un error (casi) imperdonable.

Enfrente, Raúl. Uno que no se cansa nunca de hacer lo que mejor sabe. Cuyas botas parecen impregnadas eternamente de un fútbol que no se agota ni se diluye, y que permanece intacto a pesar del paso del tiempo. Él solito puso entre las cuerdas a los de Bielsa, antes de que llegara el descanso y de que cambiara todo el guión de la historia del partido. Fernando Llorente volvió a demostrar que es uno de los firmes candidatos a ocupar una de las plazas destinadas a los delanteros en la Selección Española en la Eurocopa 2012. Su estado de forma es a día de hoy irreprochable e inconmensurable. Todo lo que toca, o casi, muere en el fondo de la red. Y De Marcos y Muniain, los encargados de firmar los dos últimos tantos del 2-4 ante el Schalke-, sin palabras... El futuro está en sus manos, y pronto, si es que no lo son ya, pasarán a formar parte del grupo de los 'grandes'. De los que todos recuerdan su nombre y de los que nadie puede hablar mal de ellos. Su hambre puede con todo.

Y así es como el Athletic acaricia las semifinales de la Europa League. Sembrando sueños e ilusiones por doquier. A un paso de otra final que se sumaría a la de la Copa del Rey y que haría de la temporada de los de San Mamés un año de 10. Aunque ya lo es ahora.

Esta noche se enfrentan al Barça de Guardiola. Dicen que llegan cansados, porque apenas han tenido 47 horas de 'resaca', pero si de algo estoy segura es que este Athletic nunca muere. Y tampoco lo hará hoy. Puede perder, pero no hay duda de que el espectáculo, su show, está más que a salvo.

¡Que viva el fútbol!

martes, 27 de marzo de 2012

¿Qué pasa con Emery?


Reconocer que el nombre de Unai Emery está el saco de los mejores técnicos que a día de hoy existen en el fútbol español no es un error ni un disparate. Tampoco es equivocarse. Sólo es rendirse ante la evidencia, aunque su camino en el Valencia esté ahora repleto de piedras que entorpecen su andar.

Sí, Unai tiene un pie y medio -sino dos- fuera del equipo levantino. Y sí, su futuro parece estar más lejos de Paterna que nunca, pero su trabajo y su manera de hacer son irreprochables. Aunque no guste a todo el mundo, aunque sean muchos los que no le quieren al frente del banquillo ché y quienes piden, día sí y día también, su salida.

De los últimos 45 puntos en juego en Liga, el Valencia sólo ha sumado 17. Cuatro victorias, cinco empates y seis derrotas han sembrado la duda en el seno del club y en la grada de Mestalla. Una grada que incomprensiblemente arde en deseos por que Emery deje de ser el técnico de su equipo. Y digo incomprensiblemente, porque no se entiende que se pida la cabeza de un entrenador que ha mantenido al Valencia en lo más alto posible, teniendo en cuenta que el imperio de dos gigantes intratables como Barça y Madrid es inalcanzable para los demás. Terceros en Liga y vivos en la lucha por la Europa League... que le pregunten, sino, a muchos otros equipos, a muchos otros técnicos y a muchos otros seguidores cuánto darían por estar en la misma situación que el Valencia. Pocos se negarían.

Entiendo que las sensaciones sean malas tras encadenar resultados no demasiado buenos. Entiendo que la gente tiemble viendo a una defensa floja y que se derrumba. Entiendo que el ánimo decaiga y que las cosas se vean negras ahora que la tercera plaza está en peligro ante el empuje de los que vienen atrás, de los Málaga, Levante, Osasuna, Espanyol y demás que aún no tiran la toalla, ni por el bronce ni por un cuarto que abre las puertas al sueño de la Champions. Entiendo el enfado y el malestar de una grada acostumbrada a vivir grandes momentos en las últimas décadas y que ahora ven que éstos se diluyen, quedando al borde de la desaparición.

Pero no entiendo las críticas a Unai Emery. Ni las entiendo, ni las comparto. Porque si hay algo que caracteriza al técnico vasco desde que cogió las riendas del Valencia en la temporada 2008-2009 es su apuesta por el fútbol atrevido, por jugar de tú a tú también a los más grandes, llegando, incluso, a ponerles contra las cuerdas. Echarle la culpa a alguien que ha tenido que sobrevivir al 'adiós' forzado de las piezas indispensables del puzzle valencianista -véanse David Villa, David Silva y Juan Mata- y que ha tenido que volver a construir el castillo desde abajo confiando en futbolistas jóvenes que apuntan maneras pero que necesitan crecer -Jordi Alba, Sergio Canales, o el propio Roberto Soldado-, o a alguien que ha sabido apagar alguno de los incendios que se han producido en el vestuario, es de cobardes. De no saber reconocer que no hay un único responsable y que, por tanto, las culpas deberían ser compartidas por todos -y cuando digo todos, me refiero precisamente a eso, a todos- y no centradas sobre la cabeza de uno solo.

¿Es Unai el gran incomprendido? ¿Es justo echarle la soga al cuello?

Sea como sea, y con su futuro en el aire, los próximos partidos del Valencia -ante el AZ Alkmaar en Europa League y el derby ante el Levante de este domingo- se antojan como dos verdaderas finales para un Emery al que parece que se le ha agotado el crédito en un club que parece haber dejado de creer en él.